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Rapaces Residente

Buitre leonado

Gyps fulvus

Buitre leonado
Buitre leonado
Buitre leonado

Es la silueta más fácil de reconocer sobre el Salto del Nervión, planeando en grandes círculos sobre los abismos calizos. Su presencia constante convierte al Monte Santiago en un lugar privilegiado para observar el comportamiento de los grandes necrófagos en libertad.

El gigante de los cortados

Pocas siluetas resultan tan inconfundibles sobre el Salto del Nervión como la de este gigante alado. Con una envergadura de 240 a 280 centímetros y un peso de seis a nueve kilos, planea en amplios círculos aprovechando las térmicas que ascienden por los cortados, casi sin batir las alas. En vuelo muestra unas alas anchas y largas cuyas plumas primarias se separan como dedos, mientras mantiene la cabeza recogida entre los hombros. Su plumaje es pardo leonado, con un llamativo contraste entre el cuerpo y el cuello claro rematado por una cabeza blanquecina y una gorguera de plumón. Vista desde abajo, esa silueta de alas larguísimas y cola corta lo delata al instante frente al resto de grandes rapaces.

Una vida en colonia

El buitre leonado es una especie profundamente colonial. En el conjunto de Sierra Salvada y Monte Santiago se estiman entre 80 y 100 parejas reproductoras, que instalan sus nidos en repisas amplias de los cortados calizos, orientados sobre todo al sur y al sureste, a alturas de entre 120 y 220 metros. El calendario reproductor es temprano y prolongado: el cortejo comienza ya en diciembre, la puesta, de un solo huevo, tiene lugar en enero y febrero, y los pollos no realizan sus primeros vuelos hasta junio o julio. Durante esos largos meses ambos progenitores se turnan en la incubación y el cebo, un esfuerzo que explica por qué las molestias en época de cría resultan tan dañinas.

El basurero del cielo

Como todos los buitres, es un carroñero estricto: no mata, sino que localiza y consume cadáveres. En Monte Santiago se alimenta de reses domésticas y de ungulados silvestres, que busca recorriendo un amplio radio de pastos y montes abiertos, con desplazamientos habituales de 20 a 40 kilómetros desde la colonia. Su técnica de rastreo es colectiva: mientras planean muy separados, cada ave vigila a sus vecinas, de modo que el descenso de una sola desencadena la llegada rápida de decenas más. Este servicio de reciclaje natural tiene un valor sanitario notable, pues la eliminación veloz de la carroña frena la propagación de enfermedades en el ganado y la fauna silvestre. Comparten, además, dormideros y zonas de alimentación en una vida social intensa.

Cómo y cuándo verlo en Monte Santiago

Suele ser mejor buscarlo a media mañana, cuando el sol calienta las paredes y genera las térmicas que los buitres aprovechan para elevarse sin apenas esfuerzo. Al ser residente todo el año, puede verse en cualquier estación, aunque los días soleados y con algo de viento ofrecen los planeos más espectaculares. Desde los miradores y sendas del entorno pueden disfrutarse a menudo planeando muy cerca. Basta con unos prismáticos y algo de paciencia, y conviene observar siempre desde los puntos habilitados, sin asomarse a los cortados ni descender por ellos, sobre todo entre diciembre y julio, cuando cualquier molestia cerca de los nidos puede provocar el fracaso de la cría.

No lo confundas con...

Podría confundirse con otras grandes rapaces que conviene aprender a separar. El alimoche es bastante menor, blanco con las plumas de vuelo negras y una cola en forma de cuña, muy distinto del corpachón pardo del leonado. El águila real, oscura y de vuelo más potente y directo, bate las alas con frecuencia y nunca forma bandos numerosos. Los milanos, real y negro, resultan mucho más ligeros y se reconocen al instante por su cola ahorquillada. Ante la duda, fíjate en el gran tamaño, en el cuello claro y en esa manera inconfundible de planear en amplios círculos sin apenas mover las alas.

Conservación

A escala estatal, el buitre leonado no está catalogado como especie amenazada, y su población en Sierra Salvada y Monte Santiago se muestra estable, incluso en ligera expansión. Ello no significa que esté libre de riesgos. Los envenenamientos, a menudo por cebos ilegales dirigidos a otros animales, siguen siendo la amenaza más grave para los grandes necrófagos, a la que se suma la colisión con los tendidos eléctricos, junto con las molestias humanas en los cortados durante la cría. Proteger sus colonias y mantener la ganadería extensiva, que le proporciona buena parte de su alimento, son las mejores garantías para que este vigía de los abismos siga surcando el cielo del Nervión.

Ficha técnica

Estatus FenológicoResidente todo el año.
Censo y Densidad LocalAproximadamente 80–100 parejas reproductoras en Sierra Salvada–Monte Santiago.
Cronología de ReproducciónCortejo desde diciembre; puesta en enero–febrero; vuelo de pollos entre junio y julio.
Ubicación y Tipología de NidosNidos en repisas amplias de cortados orientados principalmente al sur y sureste, entre 120 y 220 m de altura.
Dieta y Estrategia de ForrajeoCarroñero estricto; busca cadáveres de ungulados domésticos y silvestres en un radio amplio de pastos y montes abiertos.
Biometría y MorfologíaEnvergadura 240–280 cm; peso 6–9 kg; plumaje pardo con cuello claro y cabeza blanquecina.
Comportamiento Social y TerritorialEspecie colonial, con dormideros y áreas de alimentación compartidas.
Uso del Espacio y Radio de AcciónDesplazamientos habituales de 20–40 km desde la colonia para alimentarse.
Factores de Amenaza LocalesEnvenenamientos, colisión con tendidos eléctricos y molestias en cortados por presencia humana cercana.
Estado de Protección y TendenciaNo catalogado como amenazado a nivel estatal; población local en ligera expansión y estable en la zona.

Cantos y reclamos

Llamada

Grabación: Pere Josa (Spain) · xeno-canto XC977785 · CC BY-NC-SA

Alarma

Grabación: Stanislas Wroza (Spain) · xeno-canto XC423927 · CC BY-NC-SA

Fuentes

Por Rubén, autor de este proyecto · Actualizado el 21 de agosto de 2026

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