Marta
Martes martes



Su presencia está muy ligada a masas forestales bien estructuradas, lo que la convierte en un buen indicador de calidad de hábitat. Es una cazadora silenciosa y difícil de observar.
Retrato y cómo reconocerla
Del tamaño de un gato esbelto, la marta es un mustélido de cuerpo alargado y flexible, patas relativamente largas y una cola larga y muy poblada que usa como timón entre las ramas. Su pelaje es de un cálido pardo chocolate, más oscuro en las patas, y luce en el pecho y la garganta una mancha característica de tono crema o amarillento anaranjado, el llamado peto. Las orejas son grandes, redondeadas y ribeteadas de un borde claro, un detalle que ayuda a identificarla. Es una trepadora consumada: se mueve con agilidad felina por el dosel del bosque, salta entre árboles y desciende troncos de cabeza. Rara vez se deja ver, de modo que reconocerla suele ser cuestión de un fogonazo pardo que cruza el sendero al anochecer.
Comportamiento y territorio
La marta es un animal solitario y territorial que vive ligado a los bosques maduros, tanto de frondosas como de coníferas, siempre que conserven un sotobosque bien desarrollado que le ofrezca refugio y presas. Cada individuo recorre un área de campeo amplia, de entre 100 y 500 hectáreas según la riqueza del terreno, que marca y patrulla con constancia. Su actividad es principalmente nocturna y crepuscular, por lo que pasa el día descansando en oquedades de árboles viejos, nidos abandonados o grietas entre rocas. Esta dependencia de las masas forestales bien estructuradas la vuelve muy sensible a la fragmentación del bosque: allí donde la continuidad arbolada se rompe, la marta desaparece.
Rastros y señales
Discreta y esquiva, la marta se delata sobre todo por las señales que deja a su paso. Sus excrementos, alargados y retorcidos en punta, aparecen depositados de forma bien visible sobre rocas, tocones y troncos caídos, donde funcionan como hitos de marcaje a lo largo de sus rutas. Las huellas son finas y delicadas, con cinco dedos, y suelen quedar impresas en el barro de los caminos o en la nieve, cuando la hay. También cabe encontrar restos de sus presas, plumas, pelo o pequeños huesos, junto a los lugares donde se alimenta. Aprender a leer estas pistas es, casi siempre, la única forma realista de constatar que la marta habita un bosque.
Cómo y cuándo detectarla en Monte Santiago
Ver una marta es un golpe de suerte que se gana con paciencia. Las mejores opciones suelen darse al amanecer y al atardecer, cuando arranca o remata su jornada, en los tramos de hayedo maduro y bosque bien conservado que forman su hábitat óptimo en el entorno de Monte Santiago. Conviene moverse en silencio, detenerse a menudo y prestar atención a los troncos y rocas en busca de sus excrementos, que suelen ser el primer indicio. Lleva siempre prismáticos y obsérvala a distancia: no te acerques a posibles refugios ni intentes atraerla con cebos o reclamos, y extrema la prudencia entre finales de invierno y primavera, cuando cría, para no perturbar a la hembra ni a sus crías. Disfrutar del rastro sin dejar el tuyo es la mejor manera de compartir su bosque.
No la confundas con...
La confusión más probable es con la garduña (Martes foina), su pariente cercana, de tamaño y silueta muy semejantes. La clave está en el peto: en la marta es de tono crema o amarillento y de borde redondeado, mientras que en la garduña es de un blanco más puro, a menudo dividido en dos y prolongado hacia las patas delanteras. La garduña, además, tolera mejor los medios abiertos y la cercanía humana, pueblos, ruinas, tejados, mientras que la marta rehúye esos ambientes y se ciñe al bosque. De lejos y con mala luz también podría recordar a otros mustélidos más pequeños, como la comadreja o el turón, pero su mayor tamaño y su cola espesa suelen bastar para descartarlos.
Conservación
La marta está protegida y figura como una de las especies indicadoras de los bosques bien conservados: donde ella prospera, el ecosistema forestal goza de buena salud. Allí donde está presente, sus densidades son bajas y la población tiende a estar fragmentada, aunque conserva conexión con la de otros bosques cantábricos, un vínculo que resulta vital para su supervivencia a largo plazo. Su capacidad de dispersión es moderada y depende por completo de la continuidad del arbolado, de modo que la principal amenaza para la especie es la fragmentación del bosque por talas, pistas e infraestructuras. Conservar masas forestales maduras, extensas y conectadas es, por tanto, la mejor garantía para que la marta siga habitando estas sierras.
Ficha técnica
Fuentes
- SECEM – Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos
- MITECO – Inventario Español de Especies Terrestres
- Libro Rojo de los Mamíferos Terrestres de España (MITECO/SECEM)
- Junta de Castilla y León – Red Natura 2000 y especies protegidas
Por Rubén, autor de este proyecto · Actualizado el 21 de agosto de 2026