Sapo corredor
Epidalea calamita



Es especialista en charcas efímeras, donde se reproduce rápidamente antes de que el agua desaparezca. Su canto es uno de los más intensos del grupo.
Retrato: el sapo que corre en lugar de saltar
Pequeño y rechoncho, el sapo corredor raramente supera los ocho centímetros. Su piel verrugosa combina tonos oliva y pardos con un jaspeado verdoso, pero el rasgo que lo delata es una fina línea dorsal clara que recorre el lomo de la cabeza a la grupa. Tiene las patas cortas y, a diferencia de otros sapos, apenas salta: avanza a pasos rápidos, casi trotando, un modo de andar que le da su nombre. Tras los ojos, de pupila horizontal e iris verdoso, luce dos abultadas glándulas parotoideas. Es un anfibio discreto de día, que pasa desapercibido entre la hojarasca y la arena hasta que cae la noche.
Ciclo vital: una carrera contra la sequía
El sapo corredor es ovíparo y un reproductor oportunista: aprovecha charcas temporales y encharcamientos que se forman tras las lluvias, poniendo sus huevos en largos cordones gelatinosos. Es una carrera contra el reloj, porque esas aguas pueden secarse en pocas semanas. Sus renacuajos, pequeños y oscuros, se desarrollan muy deprisa y completan la metamorfosis en pocas semanas, antes de que la charca desaparezca. Durante las noches templadas de la primavera y el comienzo del verano, los machos emiten un canto muy potente y sostenido, uno de los coros más intensos de nuestros anfibios, que puede oírse a considerable distancia.
El hábitat que ofrece Monte Santiago
Fuera del agua, este sapo ocupa arenales, prados y claros de bosque, ambientes abiertos y de suelo suelto donde excava refugios y caza invertebrados. Tolera bien la sequedad y realiza amplios desplazamientos entre unas charcas y otras, de modo que un mismo individuo puede recorrer buenas distancias en busca de puntos de agua adecuados. En un macizo kárstico como Monte Santiago el agua superficial es escasa y efímera, se filtra pronto por fisuras y sumideros, así que la especie depende de encharcamientos temporales, prados húmedos y pequeñas cubetas que se llenan con la lluvia. La conservación de esas charcas temporales no alteradas es la clave para el mantenimiento de sus poblaciones.
Cómo y cuándo observarlo
Una buena forma de detectarlo suele ser al oído: en las noches cálidas y húmedas de primavera, el coro de los machos revela los puntos de reproducción mucho antes de que veas un solo animal. Acércate con una linterna de luz tenue y muévete despacio por los bordes de la charca. Obsérvalo sin manipularlo: su piel segrega toxinas moderadas y, sobre todo, cualquier molestia en los puntos de agua durante la cría puede arruinar una puesta entera. No captures ejemplares ni renacuajos, no remuevas el fondo y limpia bien el calzado entre humedales para no propagar enfermedades. Unos prismáticos de enfoque cercano bastan para disfrutarlo sin dejar rastro.
No lo confundas con...
Podría confundirse con el sapo común (Bufo spinosus); para distinguirlos, fíjate en el tamaño y el dibujo: el común es mayor, más robusto, de tono pardo uniforme y sin la línea dorsal clara, y se desplaza a pasos torpes o pequeños saltos en lugar de correr. El sapo partero común, mucho más pequeño y grisáceo, tampoco luce esa línea y es el macho quien transporta los huevos enrollados en las patas. En la práctica, la combinación de la raya dorsal clara y su peculiar forma de correr basta para identificar al sapo corredor sin dudas.
Conservación
El sapo corredor es una especie pionera, capaz de colonizar medios nuevos, pero su dependencia de las charcas efímeras lo hace vulnerable cuando estas se drenan, se contaminan o desaparecen. A la pérdida o alteración de esos puntos de agua se suma una vulnerabilidad moderada a las enfermedades emergentes de los anfibios, como la quitridiomicosis. Como el resto de anfibios ibéricos, está protegido por la legislación de conservación, y mantener sin alterar los pequeños encharcamientos temporales es la medida más eficaz para asegurar su futuro.
Ficha técnica
Se llama corredor porque prefiere correr en lugar de saltar debido a sus patas cortas.
Fuentes
- Asociación Herpetológica Española (AHE) — Atlas y Libro Rojo de los Anfibios y Reptiles de España; ficha de Epidalea calamita
- MITECO — Inventario Español de Especies Terrestres, ficha de Epidalea calamita (sapo corredor)
- Junta de Castilla y León — Red Natura 2000 y espacios protegidos (Monumento Natural de Monte Santiago)
Por Rubén, autor de este proyecto · Actualizado el 21 de agosto de 2026