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Mamíferos Excavador del bosque

Tejón

Meles meles

Tejón
Tejón
Tejón

Sus tejoneras, con múltiples bocas, son auténticas “ciudades subterráneas” que pueden ser usadas durante generaciones. Es un mamífero muy ligado a la estructura del suelo y al relieve.

Retrato: el arquitecto del subsuelo

El tejón es un mustélido inconfundible: cuerpo robusto y bajo, patas cortas y una cabeza blanca cruzada por dos anchas bandas negras que van del hocico a las orejas. Su pelaje dorsal, de aspecto gris plateado, resulta de pelos anillados en blanco y negro, y contrasta con el vientre y las patas oscuras. No es un animal esbelto como otros mustélidos, sino compacto y pesado, dotado de fuertes garras excavadoras en las manos que delatan su forma de vida subterránea. En Monte Santiago encuentra su ambiente ideal en los bosques de frondosas, en laderas con suelos profundos y en taludes donde la tierra se deja horadar con facilidad.

Vida en familia y territorio

A diferencia de la imagen del carnívoro solitario, el tejón vive en grupos familiares pequeños que comparten un mismo sistema de galerías y un territorio común. En Monte Santiago cada grupo recorre áreas que rondan las 50 a 200 hectáreas y las marca con letrinas y con secreciones de sus glándulas. Es un animal esencialmente nocturno que sale al caer la tarde y regresa antes del alba, aunque no es raro sorprender alguna salida crepuscular en los días más tranquilos. Buena parte de la noche la dedica a patrullar sendas fijas entre la tejonera y las zonas de alimento, pues se trata de un omnívoro oportunista: escarba invertebrados, aprovecha frutos caídos y captura pequeños vertebrados, contribuyendo así al reciclaje de la materia orgánica del bosque.

Rastros y señales: leer la tejonera

Discreto y esquivo, el tejón se detecta mejor por sus rastros que por sí mismo. El más elocuente es la tejonera: un entramado de galerías con varias bocas, montículos de tierra removida y restos de cama vegetal a la entrada, que un mismo grupo puede usar y ampliar durante generaciones. Sus huellas son robustas y anchas, con cinco dedos y las marcas de las largas uñas bien impresas por delante de las almohadillas. Y hay una firma inequívoca: las letrinas, pequeños hoyos que excava y donde deposita una y otra vez sus excrementos. Encontrar estos hoyos con deyecciones es la prueba más fiable de que un grupo campa por la zona.

Cómo y cuándo detectarlo

Observar un tejón en libertad exige paciencia y algo de suerte, porque su actividad es casi enteramente nocturna. Lo más práctico no es buscar al animal, sino sus señales: localizar una tejonera activa, reconocer las letrinas y seguir sus veredas al amanecer, cuando el rocío aún conserva las huellas. Quien quiera intentar un avistamiento debe apostarse a distancia y a favor del viento en las últimas luces del día, en silencio y sin linternas que lo delaten. Conviene recordar que la tejonera es su hogar y su refugio de cría: hay que observarla con prismáticos, sin acercarse a las bocas ni remover la entrada, muy especialmente al final del invierno y en primavera, cuando puede haber crías dependientes bajo tierra.

No lo confundas con...

El tejón adulto es difícil de confundir: ningún otro mamífero de Monte Santiago luce esa máscara facial rayada en blanco y negro. Las dudas surgen con los rastros. Una madriguera de zorro puede parecerse a una tejonera, aunque suele ser más sencilla, con menos bocas y sin la cama vegetal ni las letrinas ordenadas del tejón; de hecho, no es raro que ambas especies lleguen a compartir el mismo sistema de galerías. En terreno pisado, sus huellas anchas y de cinco dedos pueden atribuirse por error a las de un perro, que solo marca cuatro y sin esas largas uñas. Y de noche, una silueta baja y rechoncha cruzando un claro se confunde a veces con la de otros carnívoros forestales.

Conservación

El tejón no es una especie amenazada; en Monte Santiago se le considera relativamente común, aunque poco observado, con una densidad moderada y una población bien conectada con otras áreas forestales del entorno. Esa conectividad es precisamente su seguro de futuro: setos, vaguadas y bosquetes le sirven de corredores para dispersarse entre unas manchas de bosque y otras. Sus principales problemas son cotidianos más que dramáticos: los atropellos en las carreteras que cruzan sus veredas y algún conflicto menor con cultivos cercanos. Conservar los linderos arbolados, respetar las tejoneras y moderar la velocidad en los tramos forestales son las mejores formas de asegurar que este viejo excavador siga labrando el subsuelo del monte.

Ficha técnica

Hábitat Preferente y EstratificaciónBosques de frondosas, laderas con suelos profundos y taludes.
Régimen de ActividadNocturno; actividad crepuscular ocasional.
Indicadores de Presencia (Rastros)Tejoneras, huellas robustas, letrinas con excrementos en hoyos.
Organización Social y Área de CampeoGrupos familiares pequeños; áreas de 50–200 ha.
Ciclo Reproductivo y Época de CeloCelo prolongado; implantación diferida; partos a finales de invierno–primavera.
Alimentación y Nicho EcológicoOmnívoro; consume invertebrados, frutos y pequeños vertebrados, contribuyendo al reciclaje de materia orgánica.
Dinámica Poblacional LocalDensidad moderada; población conectada con otras áreas forestales.
Capacidad de Dispersión y ConectividadDesplazamientos moderados; uso de setos, vaguadas y bosquetes como corredores.
Interacción con la Actividad HumanaRiesgo de atropellos; ocasionales conflictos menores con cultivos.
Estatus de Conservación y RarezaNo amenazado; especie relativamente común pero poco observada.

Fuentes

  • SECEM — Sociedad Española para la Conservación y Estudio de los Mamíferos
  • MITECO — Inventario Español de Especies Terrestres (ficha de Meles meles)
  • Atlas y Libro Rojo de los Mamíferos Terrestres de España (SECEM–MITECO)
  • Junta de Castilla y León — Monumento Natural de Monte Santiago

Por Rubén, autor de este proyecto · Actualizado el 21 de agosto de 2026

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